La Prevención de la Financiación del Terrorismo

La Prevención de la Financiación del Terrorismo

Al igual que cualquier otra actividad humana, el terrorismo también requiere de recursos para financiarse y poder operar. Necesita recursos humanos, esto es, personas dispuestas a cometer los actos terroristas en sí y otras más que presten el apoyo logístico necesario, pero necesita también capital, bien sea en forma de dinero o bienes, para adquirir armas, explosivos, alquilar casas, coches, comprar silencios y lealtades, etcétera.

Del mismo modo que el terrorismo ha ido evolucionando en su forma de actuar, en los objetivos que persigue o en la forma de reclutar a posibles militantes, también ha cambiado en su forma de financiarse. El terrorismo europeo de las últimas décadas del siglo veinte como el de ETA, IRA, Brigadas Rojas, RAF obtenía sus recursos sobre todo del robo de bancos, de la extorsión a grandes y pequeños empresarios y comercios (el llamado “impuesto revolucionario”, según la terminología empleada por ETA), del pago por la liberación de personas secuestradas, así como del contrabando de tabaco y armas e incluso del tráfico de drogas. En el caso concreto de ETA y el IRA precisamente debido al apoyo social con que contaban—también obtuvieron importantes recursos procedentes de las donaciones que les entregaban sus simpatizantes por diferentes vías: ETA se financiaba también a través de las llamadas “herriko tabernak” (tabernas del pueblo), que recaudaban dinero entre la población que luego hacían llegar a la organización terrorista; en cuanto a el IRA es bien sabido que obtuvo asimismo grandes cantidades de dinero procedentes de donaciones de asociaciones y simpatizantes irlandeses que habían emigrado a Estados Unidos.

Por su parte, el terrorismo yihadista ha sabido adaptarse de forma muy eficaz al cambio tecnológico y a las nuevas circunstancias globales. El origen muy diverso de sus recursos dificulta mucho su persecución. Además del financiamiento que obtiene de negocios legales —comercios, industrias y las múltiples organizaciones caritativas que gestionan y a través de las cuales obtienen donaciones privadas—, una parte muy importante de esos recursos proceden de un sinnúmero de actividades ilegales: tráfico de drogas, de armas y de personas; juegos on line; fraudes con teléfonos móviles y tarjetas telefónicas, como se comprobó en los atentados de Madrid en marzo de 2004, secuestros y extorsiones, etcétera.

El terrorismo yihadista se ha nutrido, además, del financiamiento directo que al menos hasta hace poco recibía de Estados afines ideológicamente: tanto Qatar como Arabia Saudí han sido importantes financiadores de Daesh y Al Qaeda. En el caso de Daesh —o Estado Islámico— el control territorial le permitió además obtener sustantivos recursos del comercio ilegal de petróleo, gas y armas.

Se calcula que la economía informal representa hoy una cuarta parte del intercambio y las transacciones de la economía mundial, por lo que las posibilidades que tienen las organizaciones terroristas de financiar sus actividades son enormes. Valga como ejemplo que el 10% del tabaco que se vende en Europa es de origen ilegal, por lo que los beneficios que genera son totalmente opacos y no están sujetos a ningún control oficial. O la normalización de las criptodivisas como envíos informales de dinero.

El control de los recursos que obtiene el terrorismo es uno de los factores más importantes para neutralizar y prevenir posibles atentados. El 28 de septiembre de 2001 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó —como consecuencia de los atentados contra las Torres Gemelas— la resolución 1373. Esta resolución obliga a todos los países miembros a adoptar medidas contra quienes cometan actos terroristas.